Uuna noche de misterio

Una noche de terror es siempre divertida, así que bajo a mi cocina y me preparo un ron con soda, mientras recuerdo por qué me gusta tanto el género del terror.
Jugar con la OUIJA es toda una experiencia. Bueno, al menos eso pienso yo. Sólo una vez he “jugado” con una, y no era una ouija como tal, era un programa que un amigo había hecho el cual tenía sus trucos y con la cual nos engañaba y nos hacía pensar que el programita realmente nos respondía.
En ese juego sucedió de todo. Personas que, como yo, decíamos: “eso no es cierto”, pero que después de preguntarle cosas como: “Cuándo cumplo años?” y que me respondía me quedaba atónito; hasta los santos como Armandito que cuando nos vio a todos alrededor de la computadora preguntó: “Qué están haciendo?” y la ouija respondió : “Pasa, Armandito, no tengas miedo.” Nunca olvidaré su grito y su imagen huyendo del depa.
Para no hacer la historia larga resulta que un buen día, todos debíamos ir a Misa, pero nadie quería ir, puesto que el juego estaba muy divertido. Y no fue que nos fuimos sino hasta que la ouija nos escribió en mayúsculas: “VAYANSE A REZAR O ME LES MANIFIESTO AQUÍ MISMO!!!!” jajaja y ni el polvo nos vieron. Claro que después le regañada del padre estuvo buenísima y después descubrimos el truco de su programador, quien era el mismo que nos daba las respuestas.
Al recordar esa anécdota no puedo menos que sonreír y pensar en las tonterías que he hecho alrededor del tema de la fe, sobre todo, porque me han pasado una serie de acontecimientos por demás extraños.
Recuerdo una noche que estaba dormido y me levanté y escuché a través de mi ventana que alguien estaba gritando en forma de alaridos, pero eran más bien como tipo ladridos, eran sonidos que no entendía. Eso no era lo extraño. Lo extraño es que vinieran a través de mi ventana EN UN SEGUNDO PISO!
O como cuando me jalaron los pies estando dormido, y no fue sólo una vez. Fueron tres veces. La primera vez me asusté mucho y no pude volver a dormir. La segunda vez me asusté, pero me dormí casi de inmediato. La tercera vez me desperté, medio abrí los ojos y me volví a dormir. Desde entonces no volví a experimentar nada igual.
Es así como continúo mi camino, tomo mi vaso y me dirijo a mi cuarto, tal vez sea noche de misterios y de ron con soda.
Jugar con la OUIJA es toda una experiencia. Bueno, al menos eso pienso yo. Sólo una vez he “jugado” con una, y no era una ouija como tal, era un programa que un amigo había hecho el cual tenía sus trucos y con la cual nos engañaba y nos hacía pensar que el programita realmente nos respondía.
En ese juego sucedió de todo. Personas que, como yo, decíamos: “eso no es cierto”, pero que después de preguntarle cosas como: “Cuándo cumplo años?” y que me respondía me quedaba atónito; hasta los santos como Armandito que cuando nos vio a todos alrededor de la computadora preguntó: “Qué están haciendo?” y la ouija respondió : “Pasa, Armandito, no tengas miedo.” Nunca olvidaré su grito y su imagen huyendo del depa.
Para no hacer la historia larga resulta que un buen día, todos debíamos ir a Misa, pero nadie quería ir, puesto que el juego estaba muy divertido. Y no fue que nos fuimos sino hasta que la ouija nos escribió en mayúsculas: “VAYANSE A REZAR O ME LES MANIFIESTO AQUÍ MISMO!!!!” jajaja y ni el polvo nos vieron. Claro que después le regañada del padre estuvo buenísima y después descubrimos el truco de su programador, quien era el mismo que nos daba las respuestas.
Al recordar esa anécdota no puedo menos que sonreír y pensar en las tonterías que he hecho alrededor del tema de la fe, sobre todo, porque me han pasado una serie de acontecimientos por demás extraños.
Recuerdo una noche que estaba dormido y me levanté y escuché a través de mi ventana que alguien estaba gritando en forma de alaridos, pero eran más bien como tipo ladridos, eran sonidos que no entendía. Eso no era lo extraño. Lo extraño es que vinieran a través de mi ventana EN UN SEGUNDO PISO!
O como cuando me jalaron los pies estando dormido, y no fue sólo una vez. Fueron tres veces. La primera vez me asusté mucho y no pude volver a dormir. La segunda vez me asusté, pero me dormí casi de inmediato. La tercera vez me desperté, medio abrí los ojos y me volví a dormir. Desde entonces no volví a experimentar nada igual.
Es así como continúo mi camino, tomo mi vaso y me dirijo a mi cuarto, tal vez sea noche de misterios y de ron con soda.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home